EL HOMBRE Y SU COMUNIDAD DE VITAL, SOCIAL.
El hombre es un ser concreto en una realidad determinada y es, por tanto, parte del continuo social en un tiempo también concreto y determinado. Es una entidad social, cuyo desarrollo está marcado, de un lado, por la acción e influencia que diversas instituciones sociales ejercen directa e indirectamente sobre él -desde el hogar, la comunidad barrial, la educativa, religiosa, local y regional, hasta la comunidad nacional-, y, del otro, por las respuestas y acciones dinámicas que él ejecuta en tales espacios culturales, con diversos niveles de transformación, trascendencia y/o repercusión real en los mismos -no pocas veces redimensionada intencionalmente por los mass media cuando se trata de quienes detentan algún nivel de gestión pública, privada o social-.
Lo más interesante de las ideas esbozadas es que el hombre, al tiempo que actúa, desarrolla, gracias a sus diferentes tipos de memoria y de sensibilización, un permanente proceso de construcción de complejas conceptualizaciones y relatos sobre su accionar (acción y metacognición). Es decir, va produciendo diversos tipos de información consciente que pueden devenir -por su utilidad para él y para las personas de su entorno sociocultural-, en conocimiento empírico, operativo, y, por la importancia y trascendencia de la información, en conocimiento interpretativo, explicativo, inferencial, organizador, etc., para lo cual conjuga todas sus habilidades de pensamiento y habilidades lingüísticas, desarrolladas en su proceso de adaptación al medio ambiente físico y cultural.
De la destreza que alcance en esos procesos de construcción, dependerá su nivel de desarrollo de habilidades sociales y su capacidad para lograr ser un ente y eje transformador de su realidad, en el objetivo de alcanzar una mejor calidad de vida en comunidad.
El hombre es un ser concreto en una realidad determinada y es, por tanto, parte del continuo social en un tiempo también concreto y determinado. Es una entidad social, cuyo desarrollo está marcado, de un lado, por la acción e influencia que diversas instituciones sociales ejercen directa e indirectamente sobre él -desde el hogar, la comunidad barrial, la educativa, religiosa, local y regional, hasta la comunidad nacional-, y, del otro, por las respuestas y acciones dinámicas que él ejecuta en tales espacios culturales, con diversos niveles de transformación, trascendencia y/o repercusión real en los mismos -no pocas veces redimensionada intencionalmente por los mass media cuando se trata de quienes detentan algún nivel de gestión pública, privada o social-.
Lo más interesante de las ideas esbozadas es que el hombre, al tiempo que actúa, desarrolla, gracias a sus diferentes tipos de memoria y de sensibilización, un permanente proceso de construcción de complejas conceptualizaciones y relatos sobre su accionar (acción y metacognición). Es decir, va produciendo diversos tipos de información consciente que pueden devenir -por su utilidad para él y para las personas de su entorno sociocultural-, en conocimiento empírico, operativo, y, por la importancia y trascendencia de la información, en conocimiento interpretativo, explicativo, inferencial, organizador, etc., para lo cual conjuga todas sus habilidades de pensamiento y habilidades lingüísticas, desarrolladas en su proceso de adaptación al medio ambiente físico y cultural.
De la destreza que alcance en esos procesos de construcción, dependerá su nivel de desarrollo de habilidades sociales y su capacidad para lograr ser un ente y eje transformador de su realidad, en el objetivo de alcanzar una mejor calidad de vida en comunidad.

